¿Qué es el pueblo?

LECTURAS AL PASO
El pueblo y el tercer pueblo  
Alrededor del libro "Qué es el pueblo", un libro de artículos publicado por Casus Belli


   Siempre es admirable el trabajo de Jordi Evole y su equipo en los reportajes de Salvados. Es brillante su capacidad para hacer hablar a los personajes que entrevista, pero más aún es su capacidad para documentarse, preguntar a la gente adecuada y mostrar cierta complejidad alrededor de los temas que trata. Escribo este breve comentario tras ver el reportaje que se emitió el 15 de febrero de 2015 acerca del auge del radicalismo islamista en algunas barriadas marginales de la periferia de París. La conclusión es clara: quien no sea capaz de ver los vínculos existentes entre la exclusión social de determinadas comunidades reales o imaginarias y la radicalización de algunos individuos, es que le falla la intución. Pero si además alguno quiere profundizar sobre este tema puede leer en un libro de reciente publicación (Qué es el pueblo, editado por Casus Belli) el artículo firmado por Sadri Khiari en septiembre de 2012, titulado "El pueblo y el tercer pueblo" y reproducido aquí junto a otros referentes del pensamiento crítico de inspiración francesa: Alain Badiou, Pierre Bourdieu, Judith Butller, Georges Didi-Huberman y Jacques Ranciere.
   Prefiero transcribir algunas citas de este artículo que recomiendo fervientemente, antes que tratar de resumirlo. Es un texto que realiza un análisis de las conflictos entre "el pueblo francés" y "los pueblos franceses" pero, en cierto modo, es trasladable a la experiencia de cualquier sociedad europea mínimamente asimilable a la francesa. Por supuesto, la española lo es. Y, sin duda, la extensión en fechas recientes del concepto "pueblo" en el debate político español exige a quien quiera participar en el debate a profundizar en esa idea y, si es posible, a realizar los matices necesarios. De alguno de esos matices tratan las escasas ―pero extraordinarias― veinte páginas de "El pueblo y el tercer pueblo" (que se puede leer íntegramente en una traducción de Beatriz Morales Bastos aquí)

"En otras palabras, si los elementos que en cierto modo constituyen la infraestructura del pueblo no son ni contingentes ni arbitrarios, no bastan por sí mismos para constituir el pueblo. Estos elementos solo constituyen la condición de posibilidad de emergencia de la entidad pueblo. Para que esta se cristalice efectivamente es necesario que exista este exterior hostil, ya se trate de la aristocracia feudal, del pueblo vecino, del pueblo que oprime o de una facción del pueblo que se considera nociva. El pueblo son unas relaciones de fuerza, es una historia, es una historia de relaciones de fuerza. Es la historia a través de la cual la noción de pueblo se ha impuesto a escala universal. Es la historia de la modernidad colonial y capitalista. Decir esto es afirmar dos cosas: por una parte, que la noción de pueblo permite expresar una forma política que ha colonizado el conjunto de las relaciones sociales a escala mundial; por otra, tiene gran cantidad de significados que reflejan los contextos particulares en los que se moviliza."
   "En nombre de la incompatibilidad de los «valores» de la República y/o de la «identidad nacional» con las «culturas» y las creencias de los franceses surgidos de la inmigración colonial, en nombre de la «necesidad» de controlar o de interrumpir los flujos migratorios, de preservar el empleo «francés», de luchar contra el terrorismo o la inseguridad, la noción de pueblo se ha reforzado en torno a unos supuestos «franceses de origen», blancos, europeos, cristianos. En otras palabras, esta política ambiciona reconstruir la noción ya bastante desafortunada de pueblo francés ahí donde es más fácil: contra los no blancos. Si algunas corrientes más nacionalistas hacen hincapié particularmente en el «origen», otras más liberales o globalizadoras destacan, siempre contra los no blancos, la referencia a una «identidad» blanca europea, fundamento de lo que sería un pueblo europeo[3]. Por su parte, a la izquierda radical le cuesta encontrar su camino frente a la crisis del pacto republicano, pero también frente a la ofensiva racialista de las fuerzas políticamente mayoritarias."

  "Para la izquierda la cuestión no es renovarse ni ser más radical en una matriz que finalmente permanece sin cambiar, sino emprender una auténtica revolución cultural en su propio seno. No dudo de la generosidad de algunos de sus componentes, pero en política la generosidad nunca está muy lejos del paternalismo y este de la dominación. Por consiguiente, la izquierda tendrá que romper con la ilusión de su propia universalidad, al igual que tendrá que aprender que ella no es la expresión de un mismo pueblo de los oprimidos sino una expresión entre otras de un privilegio blanco contra el que tiene que aprender a luchar si aspira a hacer que sea concebible una alianza política entre las clases populares blancas y las clases populares surgidas de la inmigración en torno a un proyecto susceptible de asentar la soberanía efectiva de un pueblo a la vez uno y múltiple."