El precariado / 1

LECTURAS AL PASO
¿Precarios somos todos?
Alrededor del libro "El precariado. Una carta de derechos" de Guy Standing, editado por Capitán Swing.

   Se acercan las elecciones y los futuros candidatos afinan sus programas electorales. La democracia representativa pone a trabajar su maquinaria y hace trabajar a quienes quieren conducir los destinos de los ciudadanos. Y en la agenda política española del 2015 hay varios elementos transversales: paro, corrupción, crisis de regimen, soberanía nacional o territorial y algún otro que seguro que se nos olvida. Pero entre los asuntos de máxima importancia en todos los programas, incluso entre los discursos del centro-derecha, uno empieza a tomar la dimensión política que merece: el precariado. 
   La condición precaria del trabajador no debe confundirse con el problema del paro. No es lo mismo, aunque son realidades complementarias. La precarización del trabajo tiene que ver con el hecho de que las sociedades democráticas europeas se estructuraron durante el siglo XX alrededor de la promesa de beneficios sociales que los trabajadores obtenían por la venta de su fuerza de trabajo.
   El contrato social, tal como funcionó durante décadas, prometía que el Estado proporcionaba unos servicios básicos a las personas ―llamémoslo protección social, llamémoslo Estado del bienestararticulados en torno a su condición de trabajador y no a su condición de ciudadano. Esto es lo importante. Es evidente que en época de paro masivo y de precarización del trabajo, el contrato social se ve cuestionado. Y aunque parece que este es ya un asunto transversal en la agenda política española, hay que tener en cuenta que la izquierda social y política ―no toda la izquierda, siendo honestos― lleva años trabajando el diagnóstico y las posibles soluciones. Cualquiera puede acceder a un diagnóstico preciso y a herramientas disponibles de transformación social si lee El precariado, una carta de derechos del sociólogo Guy Standing.

    Parece una broma que el autor de El precariado sea un tipo que se llama Guy Standing (www.guystanding.com), que se podría traducir como "un tipo cualquiera puesto en pie", pero no podría ser más apropiado. Sus análisis tratan de definir ―y posteriormente, articular una posible acción política― "el precariado" como una nueva clase social emergente. En una época en que el discurso crítico tiende fundamentalmente a oposiciones sin matices como "lo nuevo y lo viejo" o "la casta y el pueblo", Guy Standing retorna a un discurso cimentado y anclado en las clases sociales. Eso sí, considera obsoleta la división social entre clases altas, medias y bajas. O entre empresarios y trabajadores. El asunto es más complejo, pero en el libro consigue explicarlo de una manera sencilla y divulgativa. Se pueden definir al menos seis clases sociales: plutocracia o élite, profitécnicos, salariado, núcleo o proletariado, precariado y lumpen-precariado. Nombres largos y ajenos al lenguaje común... Parece complicado pero no lo es: un individuo cualquiera pertenece a una clase social en relación a su acceso a los diferentes derechos que se encuentran "disponibles" para un individuo que vive en sociedad: derechos civiles, culurales, políticos, sociales y económicos. Sobre este cuadro que copiamos abajo se estructura la división por clases que postula Standing:



   El precariado es un libro incómodo que hay que leer para entender el por qué de la "crisis de régimen" o de la "necesidad de un nuevo contrato social". Hay que leerlo si se pretende articular un discurso que construya e incluya las reivindicaciones del precariado en la agenda política española. Y hay que leerlo si se pretende participar en el nuevo tiempo de la política que se anuncia ante nosotros. Pero es obvio que su análisis es incómodo para los privilegiados, para los adalides del mercado libre o para los moralistas del esfuerzo y la recompensa. También es incómodo para una izquierda que se sostenga en la utopía de la unidad de la clase trabajadora, para un pensamiento crítico que no haga matices en la reivindicación de los derechos de las personas o para discursos políticos que pretendan construir un discurso hegemónico exclusivamente sobre las espaldas del precariado ―de un precariado real o de un precariado simbólico, obviando la necesidad de construir alianzas con otras clases sociales. Y por supuesto, es incómodo, para esas "clases medias" que pretenden colocarse las primeras de la fila en la agenda de prioridades políticas en este 2015, año electoral. 

   En cualquier caso, parafraseando a Nietzsche y su advertencia sobre el avance del "desierto": "El precariado avanza. ¡Ay de la sociedad que albergue precarios en su interior!"


 LOS PRINCIPALES TIPOS DE DERECHOS 
  • Los derechos civiles incluyen el derecho a la vida y la libertad, a un juicio justo, al proceso debido, a la igualdad ante la ley, la representación legal, la privacidad y la libertad de expresión, y el derecho a ser tratado con igual dignidad.
  • Los derechos culturales son derechos de los individuos y las comunidades a acceder y participar en la cultura de su elección, incluidas la lengua y la producción artística, en condiciones de igualdad, dignidad y no discriminación.
  • Los derechos políticos incluyen el derecho a votar, participar en la vida política, presentarse a las elecciones y participar en la sociedad civil.
  • Los derechos sociales incluyen el derecho a un adecuado nivel de vida, a la protección social, la salud y la seguridad ocupacional, a la sanidad y la educación, y a la preservación de los bienes comunales y el acceso a ellos.
  • Los derechos económicos incluyen el derecho a ejercer la propia ocupación, compartir los recursos económicos de los bienes comunales, disfrutar de la parte correspondiente del crecimiento económico, acceder a todas las formas de renta y negociar individual y colectivamente.
   Los derechos humanos son universales, indivisibles e inalienables, lo que significa que no pueden ser conculcados excepto en situaciones específicas sujetas al proceso debido. Así, una persona condenada por un crimen en un tribunal de justicia puede perder su derecho de libertad.
   El término "derechos exigibles" [claim rights] o "derechos republicanos" se usa para identificar los derechos que la sociedad debería promover positivamente. Según se explica en el capítulo 4, se deberían juzgar las medidas políticas y los cambios instritucionales en función del grado en que contribuyen a la realización de derechos para los grupos más vulnerables y desfavorecidos de la sociedad.
   Los derechos evolucionan constantemente, tanto a nivel nacional como internacional. Por ejemplo, se formuló una Carta de Derechos Humanos Emergentes, que resaltaba las exigencias distributivas y ecológicas, como parte del Foro Universal de las Culturas (Foro Social de Barcelona, 2004). Tuvo poco impacto, pero debería tenerse en cuenta.
 Guy Standing, El precariado, página 18, Capitán Swing, 2014.

Entrevista de Ernesto Castro a Guy Standing en Eldiario.es, 14/12/2014