Club de lectura de novela gráfica: ciclo de aventuras

ACTIVIDADES
Cómic de aventuras: nuevo ciclo del club de lectura
Empezará en marzo con "La muchacha salvaje: Nómada" de Mireia Pérez
Antes, la última sesión del ciclo de cómic y periodismo, con El fotógrafo. Miércoles 18 de febrero, 19 horas.

Príncipe Valiente de Harold Foster
Artículo de Gerardo Vilches
coordinador del club de lectura de novela gráfica 
de Librería Muga.
@Watcherblog

Ciclo de lecturas anterior: "Novela gráfica y periodismo"
30/10/2014
 
Aventuras infantiles de ayer

   Pocas décadas después de su nacimiento en la prensa, el cómic se orientó casi exclusivamente al público infantil y juvenil. Y acabó convertido en un entretenimiento de masas en el que la autoría quedaba diluida por los mecanismos de una gran industria, que exigía una enorme cantidad de páginas mensuales para mantenerse en movimiento. Ese tipo de situaciones conduce casi invariablemente a la estandarización y repetición de los temas y personajes, y a la férrea codificación de los géneros narrativos: romance, humor, terror, policíaco, y, por supuesto, el cómic de aventuras.
   En una época en la que internet era sólo un sueño y ni siquiera el cine o la televisión eran medios masivos, para varias generaciones de niños el cómic se convirtió en el principal entretenimiento y en su ventana al mundo, real o imaginario. Ya fueran los exóticos parajes selváticos de Tarzan, la Edad Media tardorromántica de Príncipe Valiente, los mundos extraterrestres de Flash Gordon, la antigüedad cómica de Asterix o la realidad contemporánea estilizada de Tintin, durante décadas la historieta fue prácticamente sinónimo de acción y aventura. Peripecias que estimulaban la imaginación de los más pequeños, pero también de los mayores. De hecho, cuando el cómic comenzó a buscar un público más maduro durante los años sesenta, el género aventurero fue el punto de partida: fue el caso de la explosión de la ci-fi francobelga con Alejandro Jodorowsky y Moebius a la cabeza, por ejemplo, o de la reinvención del género que llevó a cabo Hugo Pratt en su Corto Maltés. Los años ochenta trajeron en Francia un auge de la aventura histórica, representada por las sagas de autores como Bourgeon o Hermann. En España, impulsado principalmente por la revista Cairo, el cómic de aventuras para adultos vivió una pequeña edad dorada, inspirada en la línea clara francobelga de Hergé y sus epígonos.
La aventura en la era de la novela gráfica
   Aunque el público de algunos cómics de aventuras fuera cambiando, lo cierto es que en términos generales el género seguía fuertemente codificado por la tradición narrativa infantil y juvenil. Había pocas maneras de contar las cosas, no sólo por las inercias de la industria cultural y las modas, sino también por las limitaciones de los formatos, el control de las editoriales —a menudo propietarias de los personajes— y en ocasiones la censura legal. El peso de décadas de repetición se dejaba sentir en los primeros autores que intentaron dibujar cómics desde el paradigma puramente autoral y artístico. Muchos de ellos comenzaron ese largo camino partiendo de los tópicos del género para evolucionar desde ellos a una obra libre de normas estrictas.
   Lo que en su momento se conoció como cómic independiente, y que puede identificarse, grosso modo, con el actual movimiento artístico de la novela gráfica, se ha caracterizado por la búsqueda de nuevos espacios y nuevas maneras de narrar. Por eso uno de los rasgos que nos apresuramos a destacar de la novela gráfica es la abundancia de nuevos géneros provenientes de la literatura adulta: la memoria, la (auto) biografía, el costumbrismo, el ensayo… Que la piedra de toque del cómic adulto contemporáneo sea el Maus de Art Spiegelman, la memoria de la estancia de su padre en Auschwitz, no es casual.
La novela gráfica de aventuras hoy
   Es natural que esta aportación de la novela gráfica al medio se presente como esencial, pero a menudo se olvida que este tipo de cómic artístico —producido desde la libertad autoral— ha traído nuevas e interesantes miradas a los géneros clásicos. Subvertir sus códigos para contar historias personales, pervertir los iconos infantiles o dotarlos de una nueva dimensión adulta, han sido constantes en el cómic de autor de las últimas tres décadas. Esa reinterpretación posmoderna y transgresora se encuentra en el origen de uno de los movimientos más importantes para el cómic adulto francés: la Nouvelle BD, encabezado por la editorial independiente L’Association en los noventa. Capitaneada por Menu, un duro crítico del cómic comercial y su formato omnipresente, el álbum de 48 o 64 páginas, esta editorial dio cabida a interesantísimos autores que le dieron la vuelta a los cómics de aventuras que leyeron en su infancia. Fue el caso del homenaje a Spirou que Lewis Trondheim llevó a cabo en Lapinot, o de muchos de los cómics de Joann Sfar y Emmanuel Guibert. David B., autor de una de las obras fundamentales del cómic adulto, La ascensión del Gran Mal, ha realizado fantásticas aproximaciones al cómic de aventuras con regusto mítico, como Los buscadores de tesoros y, sobre todo, El jardín armado y otras historias, una colección de relatos inspirados en las leyendas orientales.
   El cómic anglosajón también ha dado obras que transcurren por este camino. Por ejemplo, la reinterpretación de la historia sagrada que ejecuta Tom Gauld en Goliath, la reflexión metalingüística de Sam Zabel y la pluma mágica de Dyland Horrocks o algunas de las historias cortas de Sammy Harkham, como la adaptación de Pobre marinero de Guy de Maupassant. La última trilogía del maestro Charles Burns —formada por Tóxico, La colmena y Cráneo de azúcar— toma elementos del cómic clásico para crear una obra única y totalmente personal. Craig Thompson, un autor que saltó a la fama con el autobiográfico Blankets, se embarcó tras él en una monumental historia de aventura y amor en la Arabia mítica: Habibi.
   En España, donde la novela gráfica ha consolidado su presencia especialmente a partir de 2007, las temáticas costumbristas y autobiográficas suelen atraer más fácilmente la atención de la prensa generalista, pero eso no significa que no tengamos nuestra propia panoplia de obras adultas y aventureras. Endurance de Luis Bustos, sobre la expedición de Ernest Shackelton, es un pequeño hito. En la obra de David Rubín está muy presente la tradición del medio, por ejemplo en El héroe, homenaje y apropiación de los códigos del tebeo de superhéroes mezclado con los mitos griegos, pero también en la versión del poema anglosajón de Beowulf que ha realizado junto a Santiago García, que es una de las obras claves del cómic español más reciente. Otra es Aventuras de un oficinista japonés de José Domingo, una delirante aventura muda que recupera el placer puro de la acción imprevisible. En una línea más clásica podemos apuntar las adaptaciones de novelas de Gabi Martínez realizadas por él mismo junto al dibujante Tyto Alba, como Sudd y Sólo para gigantes. Un último ejemplo: Mireia Pérez inició con Nómada la serie de libros La muchacha salvaje, ambientada en una prehistoria pulp.
   Los enfoques son totalmente variados, como corresponde a un medio en el que los autores tienen ya total libertad para desarrollar su obra. Cuando escogen contar algo desde los códigos de la aventura clásica pueden hacerlo desde el homenaje sincero, la decostrucción desmitificadora u otro camino totalmente nuevo y desconcertante. Lo importante, en todo caso, es cómo a través de esos géneros hablan de nuestro tiempo y de sí mismos para un público adulto que aún sabe cómo imaginar mundos lejanos.
El nuevo ciclo de nuestro club de lectura
   Desde Muga hemos decidido dar inicio al tercer ciclo del club de lectura de novela gráfica con La muchacha salvaje: Nómada de Mireia Pérez, porque pensamos que concentra todos los rasgos de este nuevo cómic de aventuras contemporáneo. Pérez narra la historia de una joven perteneciente a una tribu nómada que se ve forzada al éxodo porque su forma de ver el mundo no cuadra con la de sus compañeros. Con pinceladas de humor y sexo, la autora reflexiona sin grandes discursos sobre cuestiones tan universales como el arte, la identidad y la necesidad de cambio de la humanidad. La muchacha salvaje: Nómada ganó el premio de novela gráfica Fnac / Sins Entido de 2011.
   La primera sesión de este nuevo ciclo, en la que debatiremos sobre La muchacha salvaje: Nómada, se celebrará el próximo miércoles 18 de marzo a las 19:00. El libro puede encontrarse en la mayoría de bibliotecas públicas de Vallecas y alrededores y estará disponible en Muga.