SÁBADO, 2 DE FEBRERO DE 2013

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Claro que no basta la ironía para enfrentar la MIERDA que nos rodea, pero algo es algo
"LA VIDA PARA PRINCIPIANTES. UN DICCIONARIO INTEMPORAL", Slawomir Mrozek, Acantilado, 2013. 

"Discutíamos sobre la relación entre las virtudes del carácter y los logros personales.
   ―Yo, por ejemplodijo el consejero, dejé de fumar para poder comprarme una vivienda unifamiliar. Y, fíjense, ahora tengo una hermosa casita con jardín. Bastan un poco de fuerza de voluntad y de perseverancia.
   Estoy de acuerdoafirmó el jefe de negociado, pero la austeridad y la abnegación no lo son todo. Fíjense en mi caso. Después de la jornada laboral en la oficina, hago calceta. No sólo por el dinero, sino porque no puedo imaginarme con los brazos cruzados. ¿Y qué les parece? Después de tricotar durante un tiempo, me he convertido en el propietario del flamente Toyota que está aparcado en la puerta. Por lo tanto, sin quitarle méritos a la austeridad que el consejero acaba de mencionar con tan buen criterio, me gustaría subrayar la importancia de la laboriosidad para triunfar en la vida.

   Yo nunca he fumado, por lo que, desgraciadamente, no he podido dejar de hacerlometió baza el director. Y tampoco se me dan bien las manualidades. Pero ¿acaso sólo existen las virtudes del carácter?, ¿y las del corazón no cuentan? Un día lluvioso de otoño tropecé con dos ranitas verdes. Estaba a punto de pasar de largo, cuando me hablaron con voz humana: «Tenemos frío, estréchanos entre tus brazos». Conmovido por su triste condición, cedí a sus ruegos y las llevé a mi modesta cabaña para calentarlas. ¡Pero cuál no sería mi sorpresa al ver que una de las ranitas se convertía en un chalet y la otra en un Mercedes!
   ¿Y sigue usted teniéndolas?exclamaron al unísono el consejero y el jefe de negociado.
   ¿Y qué quieren que haga? ¡Sería inhumano abandonarlas sólo porque hayan cambiado de forma!
   ¿Y usted, colega?dijo el consejero dirigiéndose al auxiliar, que hasta el momento no había despegado los labios.
   Yo voy tirandodijo éste. Hago pequeñas estafas, de vez en cuando falsifico algo, me saco un sobresueldo con algún que otro hurto... No me puedo quejar.
   ¡Qué horror!exclamamos a coro. Y al cabo de un rato, el director preguntó:
   ¿Y qué?
   Nada. Le he comprado un helicóptero a mi hijo.
   ¡¿Un helicóptero de verdad?!
   Claro. Un SuperCobra.
   Nos apartamos de él, asqueados. No sólo roba, sino que encima miente."


La moral, Slawomir Mrozek, en La vida para principiantes. Un diccionario intemporal
 Traducción de Anna Rubió y Jerzy Slawomirski


(Gracias a nuestro amigo Eloy Santos, por recomendarme que leyera a Mrozek y sacarme de mi equívoco. A lo largo del tiempo, me había convencido de que Mrozek era ese poeta con el que nunca he conseguido conectar y que publicaba también en El Acantilado. Pero ese no era Mrozek, era Zagajewski. Que además es ucraniano. Doble error. Afortunadamente corregido.)