JUEVES, 27 DE DICIEMBRE DE 2012

LECTURAS AL PASO
Entrevista a Juan Miguel Contreras, autor de La muñeca rusa
LA MUÑECA RUSA, JUAN MIGUEL CONTRERAS. INTERNACIONAL SAMIZDAT, 2012

El pasado viernes 14 de diciembre, La Internacional Samizdat y Librería Muga organizamos la presentación de la novela de Juan Miguel Contreras, La muñeca rusa. Contamos con la presencia del escritor Andrés Sorel, el cual confirmó lo que imaginábamos: que lo que algunos sólo podemos leer en los libros, él lo vivió en primera persona.


Para que podáis saber cómo pueden confluir la carrera espacial soviética y la Primavera de Praga en una pequeña librería de un pueblo imaginado de Almería, le hicimos algunas preguntas al autor. Por suerte, Juan Miguel no sólo ha escrito una novela que nos ha encantado, sino que nos ha respondido sin prisas con buena música y buenos libros, con autores que nos gustan y autores que no conocemos. O sea con aquello de lo que va este blog...


- Para empezar, algo de música. En la Nota del Autor con la que cierras el libro citas a Wilco como parte de la banda musical que acompañó la escritura de La muñeca rusa y, efectivamente, para mí hay algo en las canciones de esta banda que combina muy bien con el espíritu de tu novela. De hecho, propongo que quienes lean esta entrevista lo hagan escuchando al mismo tiempo su tema Impossible Germany (pinchad en el link abajo para ver una grabación en plan garaje del tema): enigmática, un poco agridulce y con un tono meláncolico de fondo. ¿Cómo lo ves?



- Wilco, The Jayhawks, Rush, Mike Bloomfield, Dylan, Golden Smog, The Who, Warren Zevon, Mingus... Creo que no sé escribir sin música… la necesito para encontrar el ritmo necesario… No sé... Impossible Germany es una canción perfecta, esos guiños a Thin Lizzy, esa melancolía encastrada en la garganta de Jeff, que fluye y fluye hasta que Nels Cline desata el nudo del estómago con una explosión controlada, tan brillante como desquiciada… Hace un par de meses me escribió un lector diciéndome que había leído La muñeca rusa escuchando a Bill Fay, y me descubrió un mundo (y además con Tweedy escondido de nuevo por ahí)… Para mí es difícil decir algo sobre Wilco… me has hecho hacer cuentas y llevo media vida escuchándolos… Esas cosas marcan…


- Todos mis intentos de reducir la novela a un párrafo que permitiera explicar lo que se va a encontrar el lector suelen acabar en una recopilación de frases cortas que tratan de captar las múltiples historias entrecruzadas. Si tuvieras que contar en una frase, en 140 caracteres por ejemplo, lo que hay en el interior de La muñeca rusa, ¿qué dirías?


- Un checo le cuenta a alguien la historia de su vida; que trabajó como celador en un psiquiátrico y que se enamoró de una interna que decía ser hija de un cosmonauta soviético desaparecido en una misión fallida a la luna en 1961, y que la entrada de las fuerzas del pacto de Varsovia en agosto del 68 en Praga fue el detonante de su huída hacia ninguna parte, como si su historia fuese un puzzle que no le pertenece, un juego de espejos entre el que habla, el que escucha y una luna con ojos azules y nombre ruso. Me he pasado de caracteres, ¿no?… Lo siento…


- En estos tiempos de crisis, mucha gente reclama medidas económicas "anticíclicas". En la literatura española reciente, la mayor parte de los novelistas adoptan una mirada realista y vuelven el foco hacia lo más cercano, mientras tú te animas con una novela que gira alrededor de la Primavera de Praga y la carrera espacial soviética. ¿Crees que la literatura, como la economía, necesita también algunas novelas "anticíclicas" como La muñeca rusa?

- No creo que la literatura necesite nada impuesto desde fuera, al menos en lo que se refiere a alguien contando algo de determinada manera, intentando dar cuenta de algo o explicarse algo. Esas novelas “anticíclicas” las puede uno encontrar escritas hace 50 o sesenta años; lo que quiero decir es que sentarse a propósito a escribir algo que tal vez se demande, o uno crea que se demanda, me parece un error. ¿Qué quiere el lector? No tengo ni idea. Yo sé lo que yo quiero como lector, pero no creo que el grupo del que creo formar parte, sea del que hace ganar mucho dinero a ningún editor… Me centro… Creo que mi novela es realista, la soledad es algo real, los sueños perdidos, tanto comunes como íntimos, deben ser de las cosas más reales que existen, al menos para mí, pues algunos merece la pena recordarlos y rescatarlos… Yo creo que trato cosas cercanas… que luego por eso del laberinto y del hilo de Ariadna, o por el efecto mariposa, uno se ponga a ver hasta dónde llega y acabe mirando un tanque soviético en una calle de Praga, es otra cosa… De todos modos, creo que tengo más claro lo que necesita la economía que lo que necesita la literatura… Y me puedo poner muy jacobino… A partir de ahí, y si entiendo bien tu pregunta, si “anticíclico” significa que no es coyuntural, me alegro que pienses eso de una novela como ésta…




- La literatura que se escribe en castellano y consigue llegar a mayor cantidad de lectores suele girar alrededor de temas muy locales: la historia de España a lo largo del siglo XX, con sus sueños y sus derrotas, suele ser un común denominador en el paisaje de estas novelas. Tu novela, sin embargo, no va por ese camino. ¿Crees que ha llegado el momento de aventurarse más allá de las fronteras habituales?

- Te va a responder alguien que ha tirado de amigos para crear una editorial fantasma y editar (en papel, además, el colmo) una novela que ha sido rechazada más de veinte veces, por lo que tengo un hándicap a la hora de tener una opinión al respecto, pues tiendo a caer en victimismos y resentimientos. Hace mucho que me grabé a fuego una frase de Boris Vian, que es mi Humphrey Bogart particular en mi Sueños de un seductor rutinario (junto con Phil Lynott, y varios más, y es que a veces me pongo de un esquizo-multifrénico que no me aguanto ni yo) que decía algo así como “yo no tengo la culpa de la ignorancia de la gente”. Allá cada cual con lo que quiera leer. Otra cosa es lo que los editores publican de autores españoles y qué escriben los escritores españoles que más venden. ¿Venden porque sus temas giran alrededor de temas locales? Soldados de Salamina vendió muchísimo y me parece una novela magnífica (y hasta la película). Me estoy leyendo, entre otras cosas, En las antípodas del día, de Gonzalo Aróstegui Lasarte, y me está gustando muchísimo, y seguramente haya vendido poquísimo. Temática “local”… ¿Los lectores necesitan en su dieta habitual su plato de historia familiar además de sus periodistas suecos, sus arquitectos medievales y sus salidas amas de casa anglosajonas? Es posible que por ahí vaya la cosa. ¿Nadie quiere publicar La muñeca rusa porque su marco no se sitúa al sur de los Pirineos o porque no tengo quien “me lleve al altar”, o simplemente porque ningún editor ve negocio en ella? Yo he cubierto gastos y algo más. De hecho ha sido maravillosa la experiencia, con algo de “qué bello es vivir” incluso. Eso me ha permitido varias cosas: primero, darme cuenta que no conozco a nadie relevante que me ayude en el negocio pero que por el contrario conozco a currantes del negocio, esto es, un maquetador genial, una artista plástica maravillosa y un impresor comprometido y generoso; segundo, poder sacar la novela de mi reducido grupo de amigos lectores cuya visión de la novela está claramente mediada emocionalmente, encontrando lectores a los cuales les ha gustado, alguno incluso mucho, pudiendo tener contacto directo con ellos y con sus opiniones. Como ves, todo muy samizdat, pero me ha servido para salir del pozo, y eso es más que suficiente para mí.

Dentro de las múltiples explicaciones que me he dado a mí mismo acerca de mi incapacidad de encontrar editor, me faltaba la de la temática, que aún no me la había planteado ni como hipótesis. De todos modos, tengo mi cuentecito inédito sobre la guerra civil, mi relato breve (finalista de Cosecha Eñe 2007) sobre la educación sentimental de dos adolescentes a finales de los ochenta y mi novela costumbrista de educación sentimental madrileña (publicada, ésta sí, hace diez años por la Diputación de Ciudad Real). Pido perdón por el autobombo, pero es que estaba a punto de deprimirme y lamentarme de mi suerte (o más bien ausencia de ella) y necesitaba decirlo…

- La presencia de autores checos asociados a los movimientos revolucionarios de los sesenta es muy importante en tu novela. De hecho, el gran Bohumil Hrabal es un protagonista indirecto, pero clave en el desarrollo tu novela. Sin embargo, la influencia de autores más contemporáneos, como la del ya icónico Roberto Bolaño, me parece más evidente. ¿Cuáles han sido tus referencias para escribir La muñeca rusa? ¿Y cuáles son tus autores fetiche?

- Contesto colorado y azorado, avergonzado y estupefacto, a partes iguales, ante la sola idea de que alguien pueda ver la influencia de Bolaño en una cosa como La muñeca rusa. Si has visto eso en la historia de Milos Meisner, te diré que aquí tienes, parafraseando a Jose Luís López Vázquez, un admirador, un amigo, un esclavo, un siervo…

Te confesaré algo, la primera vez que leí El maestro y Margarita sentí una vergüenza horrorosa, porque yo ya había escrito una novela (la cual fue escrita en el año 1999 y, aunque se publicó en el 2004, la aprobación para ser publicada la recibí en el 2000) y cuando cerré el libro de Bulgakov pensé cómo se me había ocurrido escribir siquiera una palabra y mucho menos una novela sin haber leído esa maravilla antes. El cabreo, y el bloqueo, me duraron varios años (ni la publicación de aquella novela en 2004 me desatascó), pero ya soy mayor y me tomo las cosas de otra manera; ahora bien, también es cierto que pienso que es ridículo e inútil escribir hoy por hoy sin asumir que existe algo llamado Los detectives salvajes que, entre otras cosas, plantea un puñado de cuestiones ineludibles para cualquiera que tenga la intención de escribir algo que pueda ser considerado literatura.

En cuanto a mis referencias a la hora de escribir La muñeca rusa, debería hablar de Wu Ming sobre todo, de su proyecto y sus novelas, también debería hablar de La pirueta de Eduardo Halfon, del relato Historia con monstruos de Rodrigo Fresán, de todo Kundera y sobre todo de El libro de la risa y el olvido, de El compromiso de Serguey Dovlatov y sobre todo de un librito llamado La librería de los Escritores. 


Sobre mis autores fetiche… Esta parte me gusta… A los citados y a Bohumil Hrabal, supongo que habría que añadir a Henry Miller, pues yo comencé a escribir (y a vivir distinto) después de leer Trópico de Cáncer con 15 años. Si tuviera que tener un referente, aunque éste quizá sea más vital que literario, tendría que volver a decir a Boris Vian, el culpable de muchas cosas en mi vida. Cortázar, Roberto Artl, Miljenko Jergovic, Danilo Kis, muchas cosas de Vila-Matas (pero no Dublinesca, y no me preguntes, las razones son emocionales), últimamente Mircea Cartarescu, y ahora que me he vuelto a releer El maestro y Margarita y ando valiente e inconsciente, diré que Bulgakov escribió una de las cinco mejores novelas del siglo pasado. ¿Las otras cuatro? Depende… escurriré el bulto diciendo que esos cuatro puestos permutan según mi ánimo de entre un grupo mas o menos extenso que llamo mi biblioteca…


En tu novela hay un librero que se convierte en el depositario final de la historia de Milos Meisner, el exiliado checo cuya historia es el eje de La muñeca rusa. Tú que has sido librero, ¿cuántas historias increíbles te han contado sentado detrás de un mostrador en una librería?

- En el blog donde escribo desde hace varios años (cada vez con menos regularidad, lamentablemente) hay un período (casi todo el 2009 y 2010) en donde tengo escritas varias de esas historias increíbles. Compaginaba la escritura de La muñeca rusa con el blog y la verdad es que me servía de contrapeso emocional. Las librerías, y sobre todo las librerías de pueblo que resisten y que aún no se han reconvertido en semijugueterias o papelerías, creo que son, junto con las barras de bar, los lugares donde la gente se confiesa literalmente con menor pudor. La diferencia es que en las barras de los bares la gente se confiesa a pecho descubierto y en las librerías lo hace de poco a poco, dejando que sea el librero el que vaya atando cabos y construyendo a medida que se suceden las visitas del cliente o clienta en cuestión.



- Me permitiré el lujo de poner una (http://elcaimansincopado.blogspot.com.es/2010/06/de-invitaciones-chinos-lectoras_02.html) y recordar para mí otra que nunca me atreví a escribir en el blog: básicamente, la historia de un cliente que acabó siendo amigo, que fue librero cuando tener una librería en los ochenta en Madrid era aún un oficio romántico, y que me acabó confesando una historia familiar de lo más increíble, tanto que si te la contara pensarías que miento como un bellaco, y no...

En La muñeca rusa lo real y lo inventado se mezclan de una manera muy virtuosa. Si pusiéramos en una columna algunas de las cosas que cuentas en la novela y pidiéramos al lector que decidiera si es invención tuya o está documentado tendría serias dificultades, ¿no crees?  Tal vez, es gracioso, sí… Supongo que no sólo da mucho juego el hecho de los papeles ocultos de las grandes potencias durante la guerra fría, sino que todos y cada uno, como tú me has preguntado antes, guardamos historias increíbles… Aunque no me gusta tirar de dichos, es cierto que la realidad siempre supera a la ficción; el problema es que yo soy de los que no sabe distinguir a veces, y mira, he estado tan metido escribiendo la historia de Irina y Milos que ahora yo creo que tampoco sabría decirte cuál es cuál.



- Por último, esta es sólo tu segunda novela, ¿hay más en camino? ¿La Internacional Samizdat tiene ya los manuscritos de tus próximas historias? ¿Podemos saber algo de la siguiente aventuras literaria en la que vayas a embarcarte?


- Todo depende de mis “editores”, pues eso es lo que son. Ellos han hecho que La muñeca rusa no se quede flotando en el espacio, ignorada por todos y obsesionando a un lunático como yo, así que supongo que sí, hay por ahí un par de cosas yo que podría rescatar, Ramón y Mercedes podrían corregir, Iván podría maquetar, Andrea podría ponerles cara y Felipe imprimir, pero no lo sé. Depende de muchas cosas, sobre todo de hacer números y ser realista. Publicar La muñeca rusa fue una necesidad, y ha salido bien ya que emocionalmente ha sido el apoyo que necesitaba y económicamente no ha sido un desastre, pero si La Internacional Samizdat actúa de nuevo sería más por capricho, lo cual no implica que sea malo, el problema es que se requiere mucho tiempo y esfuerzo mover este tipo de cosas, no sólo por el hándicap de saber que tu radio de acción es muy reducido, por no decir ínfimo, sino también por el estigma que tiene autopublicar, y cada vez más viendo las editoriales que Amazon y lo digital les están comiendo terreno. Yo reconozco que ese “pecado original” me ronda y me duele a veces, pero he de vivir con él, y quizá va siendo hora, no de enorgullecerse de él, pero sí de hacer alarde… La Internacional Samizdat sería una editorial cojonuda, pero como fantasmal guerrillera tampoco está nada mal…