LUNES, 2 DE JULIO DE 2012

LOS OLVIDADOS
Who loves the sun
OLVIDADOS AL SOL: UNA SELECCIÓN DE LECTURAS REFRESCANTES PARA EL LARGO Y CÁLIDO VERANO


Trabajo en una biblioteca, y todos los años por estas fechas empiezan a llegar los lectores esnobs de verano: la chica que me dice que va a pasarse agosto leyendo  —peor, releyendo— el Ulises, una amiga que se lleva El Quijote para la piscina, el tío que insiste en que estas vacaciones por fin lee a Faulkner. Venga ya, ¿El ruido y la furia mientras estás tostándote en una playa de Cádiz? No way! Supongo que habrá quien disfrute de lecturas densas y profundas durante la canícula, pero no es mi caso; para mí, densidades y profundidades a partir de octubre. Mi verano es como el que cantaba Objetivo Birmania: desidia al borde del mar, y sardinas, y cerveza, y olas, y rock festivo y pop luminoso; necesito lecturas entretenidas y absorbentes que me transporten bien lejos de los niños gritones o de los jugadores de palas, y —muy importante, porque paso del libro electrónico— de un calibre que pueda sostener mientras estoy tumbado en la toalla. Así que, por si compartís mi visión del verano, os ofrezco un surtido de lecturas estivales reales. Satisfacción garantizada.



Todo oscuro, sin estrellas, de Stephen King
Desde que en el verano del 86 leí la desoladora historia de Carrie White, para mí decir verano equivale a decir Stephen King. Este Dickens moderno, con su increíble talento para la construcción de personajes y para la narración en cualquier género, se encuentra en su madurez como escritor. Su último libro, 22/11/63, es magnífico (Neil Gaiman lo ha definido perfectamente: en parte novela histórica, en parte historia de amor y, en todo momento, una meditación sobre la naturaleza del tiempo), pero son novecientas páginas en tapa dura, así que dejadlo para el otoño y meted en la maleta este otro; cuatro novelas cortas en las que explora los rincones más oscuros del corazón humano y con las que confirma que sigue siendo El Rey de los narradores norteamericanos.


La ternura de los lobos, de Stef Penney
El extraordinario debut de esta escocesa merecería su propio Olvidados; este relato de la búsqueda de un niño desaparecido en los bosques de Canadá a mediados del siglo XIX es uno de mis libros favoritos de los últimos años. Es a la vez una novela de intriga, una novela histórica, un western, un viaje emocional de unos personajes inolvidables en busca de afecto y de sentido y, por encima de todo, una historia de amores imposibles y secretos incomunicables. Todo ello escrito en una hermosísima prosa lírica, con una madurez narrativa y una comprensión de la condición humana asombrosas.


Juliet, desnuda, de Nick Hornby
Los libros de Hornby son muy adecuados para el verano por su estilo ágil y desenfadado, sus historias amenas y entretenidas y sus personajes cercanos y conmovedores. En Juliet, desnuda, como en Alta fidelidad, mezcla hombres inmaduros, mujeres infelices y música pop; el resultado es una obra inteligente y agridulce sobre la soledad de las parejas, rupturas y renacimientos, y una lúcida reflexión sobre los artistas, el arte y su importancia en nuestras vidas.


Tú y yo, de Niccoló Ammaniti
Esta pequeña joya de poco más de cien páginas prácticamente un guión cinematográfico es una novela de aprendizaje que cuenta la historia de Lorenzo, un adolescente que decide pertrecharse durante una semana en el sótano de su casa a causa de una mentira que ha dicho a sus padres. Una bella y desgarradora visión de la adolescencia a cargo de Niccoló Ammaniti, uno de los descubrimientos de Muga de este año.


Expedientes, de Kate Atkinson
Ya os recomendé Esperando noticias aquí, pero si no habéis leído ninguna novela del detective Jackson Brodie deberíais empezar por esta, la primera. Las policiacas de Kate Atkinson, llenas de personajes atractivos, tramas ingeniosas y desenlaces satisfactorios son perfectas para el verano.


Falsa identidad, de Sarah Waters
Lo mismo vale para las novelas históricas de Sarah Waters. Aquí os hablé de El ocupante. Falsa identidad es entretenidísima y tiene uno de los giros argumentales más sorprendentes que vais a leer en vuestra vida.


¿Es posible mezclar en un libro magia, superhéroes y escapismo, trasladar el Gólem de Praga, luchar contra los nazis y salvarle la vida a Dalí en una fiesta delirante? Claro que sí, si tienes el increíble talento y la imaginación sin límite de Michael Chabon. Una grandiosa novela sobre los Estados Unidos de mediados del siglo XX, y un sentido homenaje a sus cómics y a los jóvenes genios que los crearon.


Bobby Logan, de Miguel Ángel Oeste
En su interesantísima ópera prima Miguel Ángel Oeste narra, con prosa lírica y tono melancólico, la historia marcada por la fatalidad de los Chicos de la Playa, un grupo de amigos del barrio malagueño de Pedregalejo que se emborrachan cada fin de semana en la discoteca Bobby Logan y que tienen en el surf su válvula de escape. Un bello y descarnado relato sobre el final de la juventud y de la inocencia. Para leer en la playa al atardecer con Nick Drake sonando en vuestro iPod.


Santuario, de William Faulkner
¿Cómo? ¿Faulkner? ¿No hemos quedado en que no era lectura de verano? Bueno, pero este es un Faulkner accesible fue su intento de hacer ficción comercial; si de verdad estas vacaciones queréis acercaros al universo faulkneriano, Santuario es una inmejorable puerta de entrada. Además, conoceréis al gánster Popeye, uno de los grandes malvados de la historia de la literatura. Esta negrísima novela, alegoría del mal y de una sociedad podrida hasta la médula, suele ser considerada una obra menor de su autor; creedme, no lo es.


El pasaje, de Justin Cronin
Vale, este es un tocho, pero ya podéis encontrarlo en bolsillo y es veraniego cien por cien. Estamos en un futuro post-apocalíptico cercano, y toda la Tierra está ocupada por vampiros zombis llamados “virales”... ¿Toda? ¡No! Un puñado de irreductibles supervivientes resiste todavía y siempre al invasor. Y su única esperanza radica en una niña inmortal de Iowa llamada Amy... Un fascinante viaje a medio camino entre Apocalipsis de Stephen King y Soy leyenda de Richard Matheson. En otras palabras: un regalo de los dioses para las vacaciones.


Pues ya tenéis material para elegir, que os cabe sin problemas en la bolsa de la playa y os deja sitio para la impedimenta: toalla, bocatas y crema protectora. Buen verano, pandilla.