JUEVES, 03 DE MAYO DE 2012

OJOS DE NIÑO

Un libro sobre la crianza para todos los padres que también son hijos.

VOLVER A CASA Y ENCONTRAR CONSUELO EN UN PLATO CALIENTE DE COMPOTA DE MANZANA


     Aprovecho la oportunidad que me ofrece la reciente reseña publicada por Sargento Esterhaus sobre la relación padre-hijo en algunas novelas de los últimos años para hablar del álbum Compota de manzana de Klaas Verplancke publicado por Ekaré, del que han dicho… “No se deje engañar por el título porque esta historia es dulce y amarga al mismo tiempo…”. 
     Este dibujante belga de vocación temprana se estrena como narrador con este álbum. En más de veinte años de trabajo se ha esforzado al máximo, a la vista de sus resultados, en agregar imágenes tanto en textos infantiles como para adultos. Siempre en historias de otros pero nunca antes las suyas. Su hazaña esta vez responde a un propósito que en esencia le brinda el nuevo status social que ocupa desde que es padre. 


Me interesaba exponer mis impresiones acerca de la complejidad de la vida, del máximo significado que alcanza la vulnerabilidad en cualquier nuevo aprendizaje.
    

     Y así nació un cuento de poco más de una veintena de frases en el que la voz y los ojos de un niño, y siempre bajo su perspectiva, nos cuenta lo que ocurre cuando su padre se enoja.  

     Hay buenos ejemplos de libros infantiles que también han recogido el vínculo entre un padre y su descendencia; Papá, por favor, consígueme la luna, de Erik Carle publicado por Kokinos o Días de hijo, publicado más recientemente por Lóguez.