LUNES, 16 DE ABRIL DE 2012

LECTURAS AL PASO
Una emoción inexplicable
SOBRE LOS PERSONALES LAZOS ENTRE THE MARS VOLTA, LA CARRETERA Y DEREK REDMOND

     Durante los últimos días he tenido mi propio éxtasis particular: he pasado la Semana Santa escuchando el último disco de The Mars Volta, Noctourniquet. No es la primera vez que me sucede: ya en algunos discos anteriores (Octahedron, De-loused in the comatorium y, sobre todo, el gran Frances the Mute)  me pasó algo parecido. Genuina emoción en cuanto me pongo los cascos, una primera impresión de sorpresa y largas dósis de goce en cuanto compruebo que este par de puertorriqueños brillantes, colgados y geniales me agarran la fibra sensible y la retuercen hasta que acabo dando alaridos de entusiasmo en el salón. Al día siguiente y todos los días posteriores, intento convencer a todo el que se cruza conmigo de que la segunda venida del mesías ya ha sucedido...


     ... pero no lo consigo. Y me pongo a pensar en lo fácil que resulta a veces hablar de las cosas que "simplemente" nos gustan y lo difícil que es hablar de las cosas que nos conmueven y nos emocionan. A mí, al menos, me pasa a menudo.

     Pasados unos días, pensando en este blog que habla de libros, intento recordar el último libro que me provocó una sensación parecida. Me vienen a la cabeza Sukkwan island de David Vann, No tengo miedo de Niccolò Ammaniti o los poemas de amor de Darío Jaramillo ("Ese otro que también me habita..."). Pero al final se impone La carretera de Cormac McCarthy. Recuerdo como si fuera hoy haber leído el siguiente párrafo...

     Una vez hubo truchas en los arroyos de la montaña. Podías verlas en la corriente ambarina allí donde los bordes bancos de sus aletas se agitaban suavemente en el agua. Olían a musgo en las manos. Se retorcían, bruñidas y musculosas. En sus lomos había dibujos vermiformes que eran mapas del mundo en su devenir. Mapas y laberintos. De una cosas que no tenía vuelta atrás. Ni posibilidad de arreglo. En las profundas cañadas donde vivían todo era más viejo que el hombre y murmuraba misterio.

      ... y echarme a llorar durante más de diez minutos. Sin poder evitarlo.

    No voy a intentar explicar de dónde surge la emoción que me producen estas palabras (suponiendo que yo mismo lo pudiera entender). Tampoco voy a resumir la historia que cuenta McCarthy en La carretera, porque muchos ya lo habréis leído o habréis visto la película o si no habéis hecho ninguna de las dos cosas, leed el libro. Y no permitáis que nadie os cuente de qué va el libro. Ni antes ni después. Porque yo no sé todavía "de qué va". Pero no puedo evitar que se me pongan los pelos como escarpias cada vez que pienso en él.

      Mientras preparaba este texto me he acordado de unas imágenes que vi hace casi veinte años, cuando era casi un niño. Es la historia del atleta británico Derek Redmond y su padre en los Juegos Olímpicos de Barcelona. Realmente hay un mundo de distancia entre estas imágenes y La carretera, pero para mí la emoción es la misma. Ojalá el dicho "una imagen vale más que mil palabras" sea cierto...




     Y para cerrar el círculo, podéis hacer una prueba: os dejo abajo mi tema favorito del último disco de The Mars Volta. Se llama Aegis. Si hacéis que los dos videos empiecen al mismo tiempo, quizá os suceda lo mismo que a mí... Todo encaja.