MARTES, 24 DE ABRIL DE 2012

PARATIEMPOS
De premios, héroes del punk y antipoetas


         Anoche en la genial presentación de Supermame (ed. Pepitas de Calabaza) que tuvimos en Muga terminamos hablando con el amigo Pablo Álvarez Almagro de la imposibilidad ya casi total de la transgresión cultural. De cómo en la televisión al menos, ya nada puede escandalizar de veras. Pablo nos ilustró con verdadero conocimiento de causa sobre el cinismo caníbal con el que funciona la tv por dentro y nos explicó con ternura cómo, a pesar de todo, había dedicado su libro a Jim Thompson y a The Ramones, grandes ídolos del punk universal. 
        Justo unas horas antes (me enteré hoy leyendo los diarios) la "madrina del punk" Patti Smith participaba de la entrega del premio Cervantes y elogiaba la solemnidad de la ceremonia. "Sin la ceremonia la anarquía no tiene sentido", (!?) declaró la referente de tantos ex-jóvenes rebeldes mientras comía almendras garrapiñadas y departía simpática con nuestro modernísimo Príncipe y nuestro punkísimo ministro de cultura (que no por casualidad se apellida con un eructo).





        Lo sé, es un tema ya viejo el del abrazo del sistema a los ex-jóvenes rebeldes, pero no deja de impresionar. El punk, se sabe, es una causa que desde hace ya más o menos dos mil años todos los jóvenes sensibles adherimos en algún momento de nuestra vida: inconformismo, rechazo de todo discurso o lógica institucional, anticonsumismo, épica rebelde en fin. El problema es que en la medida en la que esa actitud (o sus productos culturales) se vuelve popular y masiva, también se vuelve altamente rentable (abrazada por el mercado) y al final también "respetable", digna de premios y cátedras, digna, ay, del abrazo de los príncipes y los ministros. 

[A propósito de este problema, y de cómo lo aparentemente rebelde puede ser lo menos rebelde, aunque sea de modo tangencial y muy diverso, les recomiendo dos libros: el estudio La conquista de lo cool. El negocio de la cultura y la contracultura y el nacimiento del consumismo moderno de Thomas Frank y  la extraordinaria novela X de Percival Everett] 

        Pero lo mejor de la ceremonia de entrega del Cervantes de ayer fue la brillante ausencia punk del premiado: un viejecito chileno de 97 años que gambeteó con elegancia antipoética los fastos, al príncipe, a Patti y al ministro, mandó a su nieto a saludar y les dejó dicho que necesitaría por lo menos un año más para redactar el discurso de agradecimiento pero que sí, que efectivamente se merece el Cervantes... ¡por un libro que todavía no ha escrito!

¡Viva Nicanor Parra! ¡Viva la antipoesía! ¡Viva el punk!