MIÉRCOLES, 07 DE MARZO DE 2012


AUTORRETRETES
El negro John Dos Passos
A PROPÓSITO DE DRIVE: ENTRE LA EMPATÍA Y EL RECHAZO

      En el momento en que me dijeron que tenía que ver Drive, que el personaje me iba a encantar, que era un tipo un tanto especial, de los que a mí me gustan y que no sabías si quererlo o tenerle miedo, me acordé de aquel taxista, hace ya veinte años, que nos llevaba a casa (al Gordo y a mí) de madrugada, después de la parranda. En este caso no sabíamos si nos hacía gracia o nos acojonaba. Charlaba sin parar. Sus comentarios iban desde los piropos o bromas absurdas a viva voz dirigidos a los transeúntes hasta los relatos de las barbaridades que ocurrían de noche. Porque la noche es mu’ pero que mu’ mala, decía. Mientras, de su radio se escuchaban a otros taxistas hablar entre ellos."Compañeros, me paro un ratito a tomar un café en Los Hermanos Guevara, ¿quién se apunta? Yo voy. Yo no, acabo de cargar. Termino la carrera y me acerco,…".

      Después nos explicó que entre unos cuantos colegas tenían una frecuencia privada para ellos, que así estaban más acompañados, que la noche se hacía más llevadera y que, si había algún problema, podían ayudarse. Y se puso a relatar: “La otra noche, sin ir más lejos, un compañero dio el aviso. – ¡Chicos, acabo de ver al Antonio, el 373, salir del taxi, cerca del parque Picasso. Lo lleva agarrado un negro que le saca tres cabezas. Creo que le va a dar el palo. Veniros lo más rápido que podáis –. Y allí que nos plantamos siete u ocho compañeros en menos que canta un gallo, cada uno con su porra, su bate, con lo primero que pillamos a mano. Nos metemos en el parque, intentando no hacer ruido y vemos al Antonio con el cuerpo echado p'alante y los brazos apoyados en un árbol, y el negro, detrás, agarrándolo por los hombros. Y justo cuando íbamos a lanzarnos para linchar al negro, vemos que el Antonio estaba muy relajado. Y por el movimiento del negro (suelta el volante, separa las manos imitándolo y mientras mueve estas hacia atrás, empuja la pelvis hacia delante) nos dimos cuenta de que no lo estaban atracando, ¡se estaban pegando un festín! Y nosotros, preocupados, para que veáis lo que se cuece de noche. ¡Qué mamón el Antonio! ¡Dos pasos, dos, tuvo que dar el negro para sacársela! ¡Qué calladito se lo tenía el cabrón!”. El gordo y yo nos miramos: la historia del negro John Dos Passos había entrado en nuestras vidas y ya nunca nos abandonaría.


      Pues si con el taxista nos movíamos entre el humor y el pavor, con Driver, el protagonista, vas dando saltos entre la empatía y el rechazo. Driver es un personaje lacónico, pragmático, parco. Un tipo con principios (empatizas) que le pierden las formas (rechazas). Alguien que te puede caer bien pero al que no quieres como amigo, y mucho menos como enemigo. Pero verlo como un héroe (porque es un justiciero), como estoy escuchando por ahí, y mitificarlo, pues no. Créanme, lo están convirtiendo en un icono. Su cazadora, que no se quita ni para darle un agüita, ya se vende como churros.
"- Yo conduzco. No hago nada más. No me quedo esperando a que tú planifiques el golpe, ni mientras lo das. Tú me dices dónde empezamos, dónde vamos, dónde iremos cuando terminemos, a qué hora es la cosa. Yo no participo, no conozco a nadie, no llevo armas. Yo solo conduzco."
        Os aconsejo lo desaconsejable. Leeros el libro y después id a ver la película, al revés, no. Ambos son formidables, podéis elegir entre uno u otra, pero si lo queréis todo, ya sabéis, en ese orden. Vais a ver (en el cine) todo lo que se puede decir con el silencio.

      Si en la cinta de Nicolas Winding Refn (a este tipo habrá que seguirlo de cerca), la historia es lineal, temporalmente hablando, en el libro de James Sallis, la cronología de los hechos pulula de un lado para otro. De la primera disfrutaréis de la estética, de las persecuciones y como dije antes, del silencio (u os desesperaréis), y en el segundo, gracias a esos saltos en el tiempo, no podréis desprenderos de la disyuntiva de empatizar o no con Driver. Ahora sí, ahora no. Porque es en el libro, y solo en el libro, donde manejas toda la información sobre su vida (y sobre todo de su niñez). Y aunque lo puedas entender, e incluso aprobar, no todo es justificable. Ni siquiera por una desafortunada infancia.