El precariado / 2

LECTURAS AL PASO
Una alianza política para el precariado
Alrededor del libro "El precariado. Una carta de derechos" de Guy Standing, editado por Capitán Swing.

Leer la primera reseña dedicada a este libro en Las Calles de Venecia:  "El precariado / 1" , 17/2/2015

   Finaliza la campaña de Capitán Swing en Librería Muga y nos deja una extraordinaria sensación de haber hecho una modesta contribución a la labor de esta "pequeña gran editorial". Entre las mejores cosas que se quedan con nosotros está uno de esos ensayos que ha llegado para agitar ―y revolver― el debate público durante los próximos meses o quizá años: El precariado: una carta de derechos  del británico Guy Standing. Aprovechando una breve pero muy jugosa entrevista realizada por el periódico Diagonal recuperaramos una de las ideas claves del libro que no tratamos en el primer artículo que escribimos sobre el libro: la necesidad de construir una agenda política y social para el precariado.
   Por encima de otras consideraciones, creo que El precariado: una carta de derechos es un potente ejercicio de intervención política. Por supuesto, en el libro hay mucha teoría: hay una reelaboración del concepto de clase tal como fue formulado por los clásicos de la economía política y hay una crítica desde la sociología académica tanto del "pacto faústico" del neoliberalismo y la socialdemocracia en la era la globalización como de la "era de la austeridad" en su manifestación política actual. Hay también un intento de aclarar el por qué de la crisis, del agotamiento del modelo neoliberal y de los balbuceos de la "nueva política". Hay, en efecto, teoría. Y hay mucha filosofía política:
"En la agenda progresista reina la confusión. Se necesita un contramovimiento para la transformación global. [...] podemos preparar el terreno sugiriendo cinco principios de justicia por los que debería juzgarse cualquier propuesta." (pág. 127).
   Cinco principios que son el principio de diferencia en seguridad, la prueba del paternalismo, el principio de los derechos y no de la caridad, el principio del trabajo digno y el principio de contención ecológica. Grandes y necesarias ideas que el lector puede ver desarrolladas en el libro. Pero lo que fundamentalmente encontrará en El precariado es un intento de introducir a la clase social emergente en las últimas décadas dentro de la agenda de un nuevo discurso progresista, que sea capaz de generar nuevas políticas y que den respuesta a las necesidades y aspiraciones de las mayorías sociales dentro de los modelos democráticos del capitalismo avanzado.
"Dichas políticas deben basarse en una visión factible de la buena sociedad. Para ayudar a identificarlas, podemos proponer una carta de demandas que reconozca las inseguridades y privaciones del precariado y que ofrezca una reinterpretación de la gran trinidad, fraternidad e igualdad." (pág. 131).
Esa carta de demandas o de derechos es lo que Guy Standing considera imprescindible incorporar a un nuevo discurso progresista. Son los siguientes artículos, que aparecen detallados en el mismo índice y desarrollados sustancialmente en el libro de Capitán Swing.



   En innumerables entrevistas, como la de Diagonal que hemos enlazado arriba, Guy Standing ha expresado con claridad el error que supondría dejar la gestión de este programa en manos de los que han sido los principales portavoces del discurso progresista durante la segunda mitad del siglo XX: la socialdemocracia. Considera bien probado que la socialdemocracia mundial ha jugado un papel importante en la "precarización" social. Y no se equivoca. La realidad política española, probablemente, confirma su análisis y confirma que millones de personas comparten ese análisis. 
   Sin embargo me gustaría acabar este segundo comentario sobre El precariado con una última observación en este sentido: si aceptamos la estructura de clases sociales definida por Guy Standing en la primera parte de su libro, estaremos de acuerdo en que el precariado podría ser actualmente la clase mayoritaria en una sociedad, por ejemplo, como la española, o que si no lo es en términos reales, al menos sí lo es en términos simbólicos, si se me permite esta matización de corte psicoanalítico. Pero lo que no es, sin duda, es predominante en términos políticos, no dispone de la mayoría absoluta, no tiene la hegemonía. Sus representantes, en el caso de que los tuviera y de que fueran unitarios, no podrán disponer de un poder exclusivo para introducir los cambios reclamados por el autor. Se abre camino de nuevo, en este momento de la historia, una era de alianzas. Nada se puede dejar en manos de la socialdemocracia, pero difícilmente se podrá hacer algo sin contar con sus representantes. Es casi imposible imaginar que se pueda construir un nuevo futuro en las sociedades democráticas del capitalismo avanzado sin poner a trabajar en común al "salariado" y al "proletariado", tal como los define Guy Standing. Recuperando viejas palabras oxidadas, por decir lo mismo con palabras más sonoras, nada nuevo podrá surgir sin recomponer una cierta unidad de acción de la clase trabajadora. Ardua tarea esta.