Encuentro con Ignacio Sánchez-Cuenca

LECTURAS AL PASO
Los límites de la política
Lunes 19 de Mayo, 19:30 horas: Encuentro con Ignacio Sánchez Cuenca y Jesús Maraña    


   No se comprende muy bien cómo es posible que a una semana de las elecciones europeas, las encuestas hablen de una abstención superior al 60%. No se comprende muy bien si hemos asumido que las líneas maestras de la política económica que se ha aplicado en España (y en otros países de Europa) han sido orientadas y dirigidas desde los centros de poder europeos. Y se comprende menos aun si constatamos que todos los partidos que se presentan a las elecciones, desde la izquierda y desde la derecha, recalcan la importancia de obtener buenos resultados para tener peso en Europa. 
   Mayoritariamente el ciudadano español no participa de esa idea. Por múltiples motivos, en los últimos años vivimos una época de descontento masivo de la ciudadanía frente a la política. Unos y otros se afanan en argumentar que no es un desafecto hacia la política "en general", sino un rechazo a la manera de hacer política y un rechazo a los profesionales de la política (a la "casta"...). En la buena tradición española, los partidos se afanan en demostrar que la ciudadanía está dando la espalda a los otros, a los demás.
   Y el próximo domingo, tal vez sólo uno de cada tres españoles irán a votar y probablemente nadie se dará por aludido. Ni ellos, ni nosotros. Para sacar las conclusiones correctas, podría ser de utilidad leer los dos últimos ensayos de Ignacio Sánchez-Cuenca: son valientes y se atreven a defender algo que parece obvio, pero a lo que damos la espalda peligrosamente.


    Los ciudadanos españoles mayoritariamente empezamos a entender la política exclusivamente como la ejecución del poder. Y el ejercicio del poder, por su propia naturaleza, se distancia progresivamente del interés de los ciudadanos. Porque el político y el poderoso, si es que no son los mismo, se alían para imponer las reglas del juego, frente a las cuales los ciudadanos no son más que marionetas. Los ciudadanos más optimistas piensan en hacer política para tener el poder necesario para cambiar las cosas. Los menos optimistas, asumen que no tienen ninguna posibilidad de ejercer el poder y en consecuencia desconfían y renuncian de la política.

   En mi opinión, Ignacio Sánchez-Cuenca argumenta en sus dos libros más recientes contra esta idea, señalando algo que sin duda parece obvio, pero que en esta época no lo es: que la política no es sólo la ejecución del poder, sino fundamentalmente el ejercicio de la influencia. Y desarrolla esta idea analizando dos de los momentos críticos de la reciente democracia en España: 

  • por un lado, la paradójica aprobación de la Ley de Reforma Política por las cortes franquistas, que abrió la posibilidad de una determinada transición a la democracia en España (en Atado y mal atado: el suicidio institucional del franquismo, publicado por Alianza editorial) 
  • y por otro lado, la desconexión de la ciudadanía con la política democrática generada a partir del año 2008, cuando se vislumbró que el poder no estaba donde los ciudadanos lo habían depositado sino en instituciones lejanas (en La impotencia democrática, publicado por Ediciones La Catarata).
   Si siguen los enlaces sugeridos arriba, llegarán a las páginas del periódico digital InfoLibre en el que Ignacio Sánchez-Cuenca publicó los primeros capítulos de ambos libros. Si los leen y si asisten al coloquio en Librería Muga entre el autor y el propio director de Infolibre, Jesús Maraña, podrán tener un prefacio adecuado a la lectura de ambos libros. 
   Por mi parte, no puedo dejar de recomendarlos. Basta para mí un único motivo: retomar la idea de la política como el resultado del enfrentamiento y conjunción de influencias de múltiples actores (y no sólo como la tensión constante entre el poder y la ciudadanía) puede ayudar a que la ciudadanía asuma la naturaleza de su poder (limitado, pero real) en los regímenes democráticos. Sólo así se podría alejar el riesgo de que la propia ciudadanía renuncie a la democracia misma. ¿Un escenario demasiado improbable? Quizá no tanto cuando veamos los resultados de participación en futuras elecciones.