LUNES, 20 DE ENERO DE 2014

LECTURAS AL PASO
Tres décadas revolucionarias en Occidente
23 de Enero de 2014: Presentación en Muga de La estrategia del malestar de José María Ridao (Tusquets Editores).    

   En ocasiones el significado de algunas palabras cuyo uso ha sido fijado a lo largo del tiempo no sólo no describe adecuadamente la realidad, sino que sirve para falsearla y distorsionarla. Un caso que resulta paradigmático, en este sentido, es el de la palabra "revolución", con el concepto social y político que lleva incorporado. Probablemente desde el siglo XVII es generalmente asumido que una "revolución" es una transformación del orden político dominante, llevada a cabo por agentes sociales enfrentados con el poder constituido. Si bien la primera parte de esta definición no puede generar demasiado rechazo (a pesar de lo cual convendría siempre tener a mano las reflexiones de Steven Pincus en el prólogo de su 1688. La primera revolución moderna), la segunda parte es la que suele llevar a engaño. Pensar que las revoluciones son pasajes históricos protagonizados siempre por los descamisados, los maltratados por el poder o los olvidados de la historia es un tremendo error. Un error cuyas consecuencias no son meramente lingüísticas o teóricas, sino que condicionan la acción política desde el mismo momento que se comete. Del intento de comprender este error trata fundamentalmente La estrategia del malestar, el nuevo libro de José María Ridao: de cómo "desde la caída del Muro hasta la crisis financiera" está en marcha algo que sólo puede ser considerado una revolución. Podemos ponerle el adjetivo que queramos conservadora, neocon, neoliberal—, pero nadie debería dejarse condicionar por las ideas preconcebidas sobre esta palabra. Es, sin duda, una revolución. La última del siglo XX... o la primera del siglo XXI.


   Una de las tesis principales que sostiene José María Ridao es que la dimensión de esta revolución sólo es comparable a la que conformó el imaginario político del siglo XX: la idea de la "economía planificada" como la transformación necesaria para que las sociedades del siglo XX alcanzaran cotas desconocidas de progreso e igualdad. Después del colapso del socialismo real, cuyo símbolo fue la caída del muro de Berlín, una nueva utopía económico-política ocupó el lugar que había quedado vacante. Esa utopía, la de los mercados autorregulados, entidades complejas y dotadas en cierto modo de una mágica inteligencia, recorre la historia de Occidente desde los últimos años del siglo XX hasta la actualidad. La base de la revolución neoliberal está ahí, sostiene Ridao. Y para establecerse ha de construir un relato triunfante con el que pueda proclamarse vencedora de una vieja pugna contra los ideales de la economía planificada que recorrieron el siglo XX. Asentada su legitimidad, el proceso revolucionario ya está en marcha y permanece firme hasta nuestros días. Tan firme que como se ha dicho los últimos años hasta la saciedad en las sociedades democráticas se intenta persuadir a los ciudadanos de que lo mismo que nos ha llevado a esta crisis es lo que nos sacará de ella, poniendo en tela de juicio el principio lógico de no-contradicción. La naturaleza de este proceso revolucionario, sostiene Ridao, se ajusta a cierta noción clásica de nihilismo en la que se entiende por nihilista aquel que emprende la demolición de un sistema establecido sin tener previsto nada que lo pueda sustituir. Y en su interior se encuentra la semilla que, al madurar, da como resultado el fin de la política. Hay quien dirá que es el fin de la política, al menos tal como la interpreta Ridao: el fin de la política entendida como una disposición al pacto, a la inclusión progresiva de una mayor cantidad de grupos e individuos en ese pacto social y político, a la política como el intento de conjugar intereses que naturalmente tienen encajes complejos o directamente se encuentran enfrentados, una política ajena a cualquier tentación mesiánica. 
   En cualquier caso, aunque la interpretación de este fenómeno no es unívoca, las consecuencias de este proceso abierto están ahí. Para millones de personas. En todo el mundo. Y conviene aclarar, para cerrar esta breve reseña, que José María Ridao se ha cuidado bastante de escribir un libro "demasiado" teórico. Constantemente hace notar los resultados de esta manera de hacer las cosas, sus implicaciones en la vida de las personas y en sus necesidades más concretas necesidades: pan, techo, dignidad, etcétera. Por supuesto, en La estrategia del malestar se abordan importantes temas como el del papel de los intelectuales a lo largo de las últimas décadas, la crisis del periodismo entendido como un elemento indispensable para el vínculo y la cohesión social o las pugnas más o menos académicas entre economistas seguidores de Keynes o de Hayek. No obstante, si se me permite la irreverencia, se trata de un apasionante libro de viajes, que sigue la estela del "capitalismo, desde la caída del Muro hasta la crisis financiera" y para ello pasa por sitios tan dispares como la Albania post-comunista, el Líbano asolado por Israel y sus aliados, Osetia del Sur invadida por Georgia y su relación con la entronización de Vladimir Putin, el turbulento Pakistán observando la invasión de su vecinos, los Estados Unidos de Obama y Donald Trump, o la Europa de los austeros y los tecnócratas. Fijando algunos hitos de la historia reciente, intentando observarlos un poco más de cerca o un poco más de lejos, según se mire, José María Ridao construye un relato bastante verosimil de un proceso que ha dado pie a que las fuerzas más reaccionarias se hayan convertido en revolucionarias. Al fin y al cabo, dirán, ese es el sentido original de la palabra "revolución": volver al punto de origen, como los astros en su viaje por el firmamento. Difícil de asumir, ¿no creen?