MIÉRCOLES, 30 DE ENERO DE 2013

LECTURAS AL PASO
Los derechos humanos y los derechos sociales
QUÉ HACEMOS POR LA MUERTE DIGNA, Varios autores, AKAL, 2012
QUÉ HACEMOS CON LA EDUCACIÓN, Varios autores, AKAL, 2012


   Hace unos meses, un colectivo de personas procedentes de distintos ámbitos de la sociedad puso en marcha un proyecto: editar unos libros no muy pesados, que se pudieran llevar encima sin demasiado coste y peso; unos libros que, en el fragor de una discusión, pudieran servir para responder a esa pregunta que todos hemos escuchado: "sí, puede ser, todo esto que está pasando es un desastre... ¿pero cuál es la alternativa?". La colección Qué Hacemos, intenta plantear las preguntas precisas para enriquecer el discurso de esa parte de la sociedad española que no se resigna ante la debacle económica, política y social en la que vivimos. En este enlace a la página de la colección, explican mejor cuál es la finalidad del proyecto.



    Desde Librería Muga hemos querido desde el principio apoyar la difusión de estos libros, que se unen a proyectos editoriales tan activos y consolidados como Traficantes de Sueños en Madrid, Icaria en Barcelona o la colección Cuestiones de antagonismo que la Universidad Nómada, publica dentro de la propia editorial Akal. Por eso, en las próximas semanas comenzaremos con un ciclo de presentaciones de esta colección en Librería Muga. El jueves 31 de enero, contaremos con la presencia del doctor José Luis Montes, que presentará el trabajo contenido en Qué hacemos por una muerte digna. Unos días después, el miércoles 13 de febrero, nos visitarán Agustín Moreno y José Luis Pazos, para ofrecernos un panorama sobre los temas que se tratan en Qué hacemos con la educación.

     La lectura de ambos documentos me ha dejado una impresión bien distinta que me lleva a una conclusión que probablemente no todos compartirán, pero que estoy seguro que puede enriquecer la actividad de quienes trabajan por la defensa de los derechos en nuestra sociedad. De antemano debe quedar claro que, el que escribe, es un absoluto ignorante en cuestiones de Derecho, con mayúsculas.
      Por un lado, Qué hacemos por una muerte digna es un texto contundente y preciso, producto de largos años de trabajo y debate dentro de las asociaciaciones que trabajan por el derecho a la muerte digna y afilado por su exposición al debate público. Su recorrido por diferentes culturas, religiones y épocas históricas sostiene la argumentación de manera impecable. Su análisis de la legislación vigente sobre la muerte digna, en comparación con otras legalidades, articula con claridad las fuentes de su legitimidad. Al acabar el libro, queda muy claro cuáles son las razones por las que se debe exigir el derecho a la disposición de la propia vida y cuáles son las motivaciones de quienes se oponen. 

      Cierto es que, en mi opinión, este discurso es relativamente fácil de construir. Si fuera sólo una frase estaría compuesta de sujeto, verbo en presente y atributo. Sin oraciones subordinadas, verbos en subjuntivo, ni complementos circunstanciales de ningún tipo. Como esta: "El ser humano es libre". O un poco más elaborada: "La vida de una persona no es propiedad de ningún otro". Si aceptamos premisas de este tipo, inevitablemente el derecho a la muerte digna aparece como un derecho propio de la condición humana. Disponer de la propia vida sería un derecho humano o civil, connatural a la persona desde el momento en que es reconocida como tal por sus semejantes.  

     Si practicáramos una especie de "reducción a los infinitos absurdos" e imagináramos, por ejemplo, un futuro posterior a un cataclismo en el que quedaran sobre la tierra cien personas y una de ellas solicitara que la ayudaran a morir en paz, en principio seguiría asistiéndole ese derecho. Ahora bien, siguiendo con esta suposición, si esa misma persona en medio de una asamblea, reclamase el derecho a dar prioridad a la educación de las "crías", la asamblea tendría que valorar si la comunidad podría prescindir de quien se dedicase a esa tarea que, mientras tanto, no se dedicaría a buscar alimento o defender al grupo de las bestias u otras tareas que pudieran ser consideradas anteriores. Reconozco que este es un argumento muy peregrino, pero me sirve para sugerir que el derecho a la educación no puede ser considerado un derecho humano o civil, connatural a la persona desde el momento en que es reconocida como tal por sus semejantes. El derecho a la educación podría entenderse como un derecho social, histórico, un derecho que la sociedad se concede a sí misma y a las personas que la componen. Y claro, este tipo de derechos, al menos si se plantean con honestidad, es decir, con la intención de que se puedan ejercer, deben estar relacionados con el grado de desarrollo de una sociedad. Con su riqueza (sí, un concepto polémico, lo sé) económica, social y, claro, también ética o moral.

      ¿A dónde quiero ir a parar? A que el derecho a una muerte digna se reivindica hasta que se consigue y luego se defiende. Pero que el derecho a una educación pública y de calidad, que es de lo que trata Qué hacemos con la educación, se reivindica, en ocasiones se consigue y cuando se consigue, se defiende y ... se tiene que sostener. El derecho a la muerte digna y el derecho a una educación pública y de calidad son derechos de naturaleza distinta, uno puede estar en la Carta de los Derechos Humanos y el otro no, si es que quien redacta los derechos humanos lo hace pensando en que se puedan ejercer. Disponer de una escuela "inclusiva, solidaria, compensatoria y laica" como se reclama en este documento es un derecho que la sociedad se concede a sí misma, porque está dispuesta a hacer el esfuerzo que es necesario para sostenerla y mantenerla. Porque entiende un derecho como una obligación que se acuerda entre distintas partes y no como una concesión que una parte (el poder) le hace a la otra parte (la sociedad).

             Por todo esto me parece más sencillo escribir Qué hacemos por la muerte digna, porque su objetivo no puede ser otro que mostrar a todos aquellos que se oponen, que ya es hora de que acepten que la razón está de nuestro lado. Sin embargo, es más complicado escribir Qué hacemos con la educación, porque el objetivo ha de ser distinto: convencer a la mayor parte de la gente, al menos a la que sea suficiente y necesaria, de que merece la pena que todos nos esforcemos para conseguir el fin buscado. Así que reividinquemos a quien corresponda, hasta quedarnos mudos, que reconozcan el derecho a la muerte digna. Y reclamemos a quien corresponda, que haga lo suficiente, contando con tantos de nosotros como sea necesario, para garantizar el derecho a una educación pública y de calidad.