MARTES, 20 DE NOVIEMBRE DE 2012

LECTURAS AL PASO
Sobre la vida en la calle... en tiempos de cólera
EL HOGAR INFINITO, ÁLVARO GUTIÉRREZ MAESTRO. 451 EDITORES, 2012


     En la época de la producción en masa de novelas, es comprensible que los autores busquen puntos de vista narrativos originales. Es discutible que tenga que ser así, pero da la sensación de que encontrar una voz diferenciada es más importante que la historia que se pretende contar. Si el relato está escrito desde la perspectiva de un muerto, de una computadora o de un objeto que pasa de mano en mano, por poner algunos ejemplos, parece que la novela empieza con ventaja en la batalla por conseguir lectores. Sin embargo, quizá no sea necesario dar rienda suelta a la imaginación para encontrar narradores originales. Un buen ejemplo es El hogar infinito de Álvaro Gutiérrez, donde el relato corre a cargo de un vagabundo, un sin techo, de un hombre cuyo hogar es la calle.


     ¿Cuántas veces nos hemos preguntado cuánto hay de derrota en la gente que vive en la calle, de derrota de esa persona y de derrota del sistema que no puede o no sabe o no quiere ayudar? ¿Cuántas veces nos hemos preguntado cuánto hay de responsabilidad y cuánto de fatalidad en ese destino? ¿Cuánto hay de cierto en esa idea de que muchas de las personas que viven en la calle lo hacen por voluntad propia? ¿Y cuánto de autoengaño? El hogar infinito no responde a esas preguntas, ni se espera que lo haga, pero sin duda construye un discurso sólido cuya mayor virtud es que en ningún momento atisbas los juicios y los sentimientos del autor sobre lo que sucede, liberando así una voz auténtica, veraz y creíble. Álvaro Gutiérrez no te obliga a sentir compasión por su protagonista y quizá por eso consigue que sientas verdadero interés y emoción por su relato. Un relato que, hay que decirlo, aunque está compuesto de múltiples capítulos de una extensión más bien breve, y posee una estructura narrativa fragmentaria, casi sinfónica, alcanza su cenit, como en las mejores novelas de intriga en la última frase, en la última palabra.

     Y quizá sea ventajista decirlo, quizá sea oportunista y un poco demagógico hablar de esto para recomendar El hogar infinito, pero conviene no olvidar que en los últimos dos años nuestras vidas giran cada vez más alrededor del paisaje de esta novela: la calle. Y no sólo porque desde múltiples movimientos y diferentes sensibilidades se intenta recuperar la calle como el espacio de lo común, sino porque cada vez más, desde esferas muy diversas de la sociedad, se reclama una solución al problema de los desahucios, frente al cual algunos actúan como si las consecuencias de un desahucio no fueran determinantes en la vida de las personas. Sobre la vida en la calle como una condena, pero también como un lugar de última acogida, gira El hogar infinito de Álvaro Gutiérrez.