LUNES, 26 DE MARZO DE 2012


PARATIEMPOS
No me enseñes a hablar bien
UNA RECOMENDACIÓN A PROPÓSITO DEL SEXISMO Y EL USO DE LA LENGUA 


“El uso de la lengua siempre es político, pero lo es de forma compleja. Con relación, por ejemplo, al cambio político, las convenciones sobre el uso de la lengua pueden funcionar de dos maneras: por un lado pueden ser un reflejo del cambio político, y por otro lado pueden ser un instrumento del cambio político. Lo importante es que esas dos funciones son distintas y que hay que mantenerlas separadas. Confundirlas -y en concreto, tomar por eficacia política lo que no es más que un simbolismo político del lenguaje- permite la grotesca convicción de que América [o España] deja de ser elitista o injusta simplemente porque los americanos dejan de usar cierto vocabulario que se asocia históricamente con el elitismo y la injusticia”





     Si todavía siguen interesados en el debate (re)iniciado hace algunas semanas alrededor del sexismo en el uso de la lengua, les recomiendo un gran artículo del amigo Foster Wallace, cómo no, titulado La autoridad en el uso del inglés. Está incluído en Hablemos de langostas, y de partida se presenta como la humilde reseña de un nuevo diccionario de uso del inglés, pero según se despliega vemos que se trata de un ensayo sobre cómo ideas como democracia, libertad, autoridad y tolerancia están en juego y se ponene a prueba en las guerras de la lengua. Lo interesante respecto a cómo se ha dado el debate aquí en España es que el artículo viene a mostrar con claridad cómo ninguno de los extremos, -conservadores normativistas (la RAE) y progresistas promotores del lenguaje políticamente correcto (los autores de las guías anti-sexismo) puede tener razón. Lo que muestra muy bien el argumento de Foster (que incluye un muy buen resumen de la historia teórica de las guerras de la lengua), es que ni la corrección lingüística (gramatical), ni la corrección política (moral) son autoridades legitimas por sí mismas para indicarnos cómo debemos hablar. Ahora les dejo la continuación del fragmento de arriba, pero vale la pena leer todo el artículo (y todo el libro y casi todos los libros de DFW; está de moda, sí, pero era un puto genio):

"Esta es la falacia central del inglés [o español] políticamente correcto – que el modo de expresión de una sociedad es lo que produce esas actitudes en lugar de un producto de las mismas (…) El inglés políticamente correcto encierra una ironía más repulsiva. Que es el hecho de que el inglés políticamente correcto afirma ser el dialecto de la reforma progresista pero de hecho -con su colocación orwelliana de los eufemismos de la igualdad social en el lugar de la igualdad social en sí- resulta de mucha más ayuda para los conservadores y para el estado de las cosas en América de lo que han resultado nunca las normas tradicionales de los SNOOT [conservadores lingüísticos tipo RAE]. Si yo, por ejemplo, fuera un conservador político que se opusiera al uso de los impuestos como medio para redistribuir la riqueza nacional, me encantaría ver cómo los progresistas polítcamente correctos gastan su tiempo y su energía discutiendo sobre si a una persona pobre hay que llamarla “de ingresos bajos”, “económicamente desventajada” o “pre-próspera” en lugar de construir argumentos públicos eficaces a favor de leyes redistributivas o de elevar los márgenes de las tasas fiscales. (Por no mencionar el hecho de que los códigos estrictos del eufemismo igualitarista sirven para ocultar la clase de discurso doloroso, feo y a veces ofensivo que en una democracia pluralista llevaría a un cambio político verdadero y no a un simple cambio polítco simbólico. En otras palabras, el inglés políticamente correcto actúa como forma de censura, y la censura siempre está al servicio del estado de cosas)."