LUNES, 20 DE FEBRERO DE 2012

LECTURAS AL PASO
Lecturas no obligatorias, lecturas al paso
DE AQUELLO SOBRE LO QUE VERSARÁ ESTA SECCIÓN Y DE LA SANTA LITERARIA QUE LA PROTEGE.


                Mientras escribo el que debía ser el primer comentario de esta serie, muere en Varsovia la poetisa polaca Wislawa Szymborska, galardonada con el Premio Nobel de Literatura en 1996. La noticia tiene poco que lamentar. La certeza de que Szymborska ha muerto con casi 90 años en plena intimidad con sus seres queridos, sumada al goce incorporado en mi memoria por la lectura de su obra, provocan en mi una sensación de calma y agradecimiento totalmente ajena a la pesadumbre y la tristeza que suele acompañar a la muerte.


                Tengo armado el primer comentario cuando conozco la noticia de su muerte, sí, pero este blog aún carece de título. Ni siquiera sé cuál será el nexo de unión entre los libros que aquí se relacionarán. Incluso no puedo estar seguro de cómo buscar esos libros o si ellos se encargarán de encontrarme. Lo único que sé con claridad es que el espíritu que me gustaría que animara estas lecturas retomase el proyecto desarrollado desde 1993 por Wislawa Szymborska en la revista Gazeta Wyborzca, que tomó el nombre de Lecturas no obligatorias. Prosas.

"La idea de escribir Lecturas no obligatorias surgió de la columna que normalmente aparece en todas las revistas literarias con el nombre de Libros recibidos. Era fácil comprobar que únicamente un pequeño porcentaje de los libros en ella mencionados conseguían llegar después al escritorio de los críticos. Se solía otorgar preferencia a las bellas letras y a los artículos sobre política actual. Las memorias y las reediciones de los clásicos gozaban de una menor importancia. Prácticamente ninguna se concedía a las monografías, las antologías y los diccionarios. Y ninguna en absoluto a los libros de divulgación científica o a cualquier tipo de guía. Pero las cosas se veían de otra manera en las librerías: la mayoría de los libros afanosamente reseñados (la mayoría, aunque no todos) acumulaban polvo en los estantes durante meses hasta que los empaquetaban para convertirlos en pasta, mientras que todos los otros (los no valorados, los no discutidos, los no recomendados) se agotaban en un visto y no visto. Sentí la necesidad de dedicarles un poco de atención."

               Me parece biológicamente imposible emular el estilo que adopta Szymborska al comentar los libros que ha leído. Creo que hay algo que tiene que ver con la edad y la experiencia para escribir con ese tono irónico, ligeramente desapasionado, capaz de dejar en la penumbra al escritor y de traer a la luz las palabras mismas. Pero lo que no tiene que ver con la madurez y la sabiduría que en ocasiones la acompaña, es el irremediable amor por los libros y por la solitaria experiencia de la lectura.

 "Y una cosa más, lo digo de corazón: soy una persona anticuada que cree que leer libros es el pasatiempo más hermoso que la humanidad ha creado. El homo ludens  baila, canta, realiza gestos significativos, adopta posturas, se acicala, organiza fiestas y celebra refinadas ceremonias. Para nada desprecio la importancia de estas diversiones: sin ellas, la vida humana pasaría sumida en una monotonía inimaginable y, probablemente, la dispersión. Sin embargo, son actividades en grupo sobre las que se eleva un mayor o menor tufillo de instrucción colectiva. El homo ludens con un Libro es libre. Al menos, tan libre como él mismo sea capaz de serlo."

               Wislawa Szymborska se me aparece entonces en medio de mis pensamientos. Hay libros, me dice, que tienen la fortuna de cabalgar a lomos del caballo de la actualidad. Este corcel cabalga con gran rapidez, pero su intenso esfuerzo no puede prolongarse y sólo desea llegar a la meta y después, nada. Otros libros cabalgan con un ritmo sostenido por algo tan azaroso como el gusto común. Pierden ventaja en la carrera, pero siguen avanzando y mientras los primeros ya reposan en algún establo, ellos siguen a la vista de todos con su alegre trote. Pero hay un tercer tipo: los que cabalgan al paso. Hace tiempo que no se presentan a ninguna carrera, son un poco ingobernables y tienden a salirse del circuito. A veces su naturaleza dispersa hace que permanezcan lejos de nuestra mirada, pero cuando tenemos la suerte de topar con uno de ellos, le damos agua y cobijo, le hacemos un hueco en nuestros establos y se queda con nosotros, acompañándonos en nuestros quehaceres cotidianos. No se me ocurre mejor manera de describir los libros que serán el corazón de estos escritos y que pretenden seguir el legado de la Nobel polaca.

            En cuanto al título de este blog, primero pensé en llamarlo Lecturas imprescriptibles, en paralelo a las Lecturas no obligatorias, pero era un verdadero trabalenguas. Pensé luego en el nombre Contratiempos, pero un amigo me lo desaconsejó. Desazonado, valoré la posibilidad de homenajear a Wislawa, denominándolo Symborska Widorcza, pero las pocas visitas que recibiera serían de polacos errantes. He optado, finalmente, por llamarlo Lecturas al paso y encomendarme a mi santa particular para que, en la oscuridad de las noches solitarias de la librería, descoloque un poco los libros. Quizá así, a la mañana siguiente fijé mi atención en alguno que hubiera pasado desapercibido.

               Y si alguien juzga estas lecturas demasiado extemporáneas, excesivamente a destiempo, incluso banales, a la vista de los crudos desengaños en los que vivimos instalados, aquí le dejo una cita de mi protectora,  tomada de una reseña sobre un folleto titulado El botón en la literatura que llegó a sus manos visitando el Museo del Botón, abierto con el nuevo siglo en la ciudad polaca de Lowicz:

"Y ahora, esos a los que les gusta darle vueltas a la cabeza querrán preguntarme si realmente no tengo preocupaciones más importantes que pensar en cuáles eran los problemas de los sastres de esa parte del Nilo. Claro que tengo mayores preocupaciones, pero eso no es motivo para que no tenga otras más modestas." 

                Están avisados. Pueden probar a leer estas Lecturas al paso que empiezan aquí y ahora y, si se aburren, pueden leer Lecturas no obligatorias. Esto no es falsa modestia. Es, sencillamente, la primera recomendación de esta sección.