"La densidad de los espejos" de Manuel Rico

Veinte años después: un libro de poemas de Manuel Rico, recuperado
Miércoles 14 febrero, 19.30 horas
Presentación de La densidad de los espejos de Manuel Rico. Presentado por Luis Miguel Morales y el editor de El sastre de Apollinaire, Agustín Sánchez Antequera.

   El miércoles 14 de febrero, a las 19.30 horas, nos convocan Luis Miguel Morales, activo dinamizador de la cultura de Vallecas y Agustín Sánchez Antequera, editor de El sastre de Apollinaire. Presentarán el último libro publicado de Manuel Rico, la edición ampliada y definitiva de La densidad de los espejos.

   En La densidad de los espejos, que obtuvo en el año 1997 el XVII Premio Hispanoamericano de Poesía Juan Ramón Jiménez, Rico propone una escritura a modo de reflexión existencial sobre un tiempo histórico, en donde lo colectivo y lo individual se entrelazan: un periodo apocado, asordinante, del que el sujeto pretende zafarse mediante la rebeldía o la imaginación, núcleo de su resistencia.
   El autor discurre por el territorio de la memoria, convertida esta en agente que nombra sueños y derrotas, hasta materializar la imagen potentísima del título: la densidad aguarda tras la reflexión especular, configurada por sustratos, y el espejo sirve como canal, pero, con un matiz excepcional, su función es retrospectiva. El lector, según avanza en los poemas, constata cómo el presente se infiltra en el pasado, cómo se incardina un registro de sensaciones actuales surgidas del diálogo con lo pretérito, desde una complacida nostalgia hasta le negación más vehemente. Como diría Octavio Paz, «si el arte es un espejo del mundo, ese espejo es mágico: lo cambia», así, el trabajo poético con el recuerdo modifica el discurrir de la vida, hasta alcanzar nuestros días.

La densidad de los espejos de Manuel Rico
(extracto)


Caminar entre espejos
que te deforman. No encontrarte en su fondo,
en su verdad inasumible. Contemplar, aterrado,
la tapia devastada por viejos temporales.
Ver el miedo temblar en esos labios
que apenas reconoces, el desgaste
que a la ropa contagian
las ciegas hendiduras de la piel
que construyen el tiempo
al que te ha conducido tanto octubre
apenas recordado,
tanto viento insumiso, tanta degradación
de la luz inocente del principio.

Desterrar el espejo, ¿es acaso posible?
A veces, en la noche,
esa ilusión te habita, es como si las sombras
te dejaran desnudo,
solo frente a la inteligencia, solo
frente al hondón de la memoria, atado
a tus terrores: solo contigo mismo,
sin la falsa celada del espejo,
sin el asalto de la edad, sin la certeza
de que nunca la vida será un juego
sin reglas conocidas: hermoso itinerario
hacia el fulgor oscuro
que, sin piedad, nos emborrona.

*

MAÑANAS DE CENIZA

Esas mañanas frías que dejan en la boca
un sabor a ceniza y a palabra incompleta
tienen en otro tiempo
su raíz y su ensalmo.
Recuerdo, en este día
de entoldado horizonte y viento oeste,
desde la casa de campo que el padre nos dejara,
mañanas parecidas: con aquellas maderas
que olían a resina y a campo todavía,
él construía hermosos utensilios
para el uso diario.
Cuando se fue al lugar
del viento que no vuelve, quedaron cual vestigios
de sus mañanas de artesano, mañanas apacibles
con sabor a ceniza y a palabra incompleta.

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