Te amo, destrúyeme

Vacuna para el romanticismo
Viernes 12 de febrero, 19.30 horas. Presentación y lectura de microrrelatos: Te amo, destrúyeme, con la presencia de la autora Ana Grandal

   El que escribe, en algún tiempo lejano, fue un adolescente enamorado del amor. En algún momento se dio la circunstancia de estar enamorado de alguien, pero la mayor parte del tiempo lo correcto es decir que estaba "enamorado del amor". Leía estos versos de Cortázar y quedaba convencido de que el amor era terreno exclusivo de valientes:   
Mira qué pobre amante, incapaz de meterse en una fuente para traerte un pescadito rojo bajo la rabia de gendarmes y niñeras.
Me encontraba con ese microrrelato de Benedetti ("Su amor no era sencillo") y me reconfortaba comprobar como otros describían la compleja arquitectura del amor:
Los detuvieron por atentado al pudor. Y nadie les creyó cuando el hombre y la mujer trataron de explicarse. En realidad, su amor no era sencillo. Él padecía claustrofobia, y ella, agorafobia.  Era solo por eso que fornicaban en los umbrales.
   Por suerte, creo, ya no soy el que era y puedo comprender, asentir, sonreír o incluso carcajearme con la mirada de Ana Grandal sobre el amor, expresada en los microrrelatos contenidos en Te amo, destrúyeme (Amargord Ediciones), que presentará y leerá en Muga el viernes 12 de febrero, a partir de las 19.30 horas. Porque en mi opinión,

la mayor pandemia del siglo XX (y XXI...), a pesar de lo que dicen algunos biológos desaforados, no la produce ningún microorganismo. Es la llamada utopía romántica y la provoca una especial disposición del ánimo que consiste en "estar enamorado del amor". Y debemos agradecer a Ana Grandal (no sólo a ella, por suerte...) que nos ofrezca una dosis de recuerdo de la vacuna. Si no estás vacunado frente al romanticismo todavía, hazlo ya. Nunca es tarde. Con suerte, seguro que acabarás enamorándote. 
   Si tuviera que escoger un microrrelato que representara lo mejor de Te amo, destrúyeme, elegiría "Feliz Navidad", porque contiene no sólo la precisión del bisturí que nos abre una ventana a las zonas grises del amor, la ironía del terapeuta acostumbrado a escuchar los discursos de autojustificación cotidiana y la finura del monologuista para darle un toque de humor al derrumbe amoroso. Todas estas son virtudes de la mayor parte de los textos de Ana Grandal, pero además "Feliz Navidad" tiene un no sé qué, una vuelta de tuerca, un puntito extra de provocación y acidez ... Comprobadlo.

Feliz Navidad

   ―¡El último libro de Paul Auster! Gracias, cariño.

   ―Es que conozco tus gustos perfectamente, querido. ¿Y mi regalo?

   ―Tus regalos, querrás decir... Te he comprado dos.
   ―¿Dos? Ay, mi vida, qué generoso eres. 
   ―Toma, el primero.
   Ella desenvuelve el paquete alargado y extrae un grueso dildo de silicona de color rosa fucsia.
   ―¡Ja, ja, ja! Pero qué guarrillo eres. ¿Te gusta si hago esto? ―Se acerca el pene de plástico a la boca y comienza a chuparlo.
   ―Eh... espera, que te voy a dar el segundo regalo.
   Muerta de risa, ella abre la caja que él le ha tendido.
   ―Y esto, ¿qué es?
  ―Un arnés. Por esta abertura se introduce el consolador... así, mirando hacia fuera... Ahora se ajusta a la cintura, ¿ves? Y es de tu talla.